Jasón, el hombre de la única sandalia

Era hijo de Esón y Alcímeda (la tía de Odiseo), descendiente de Eolo. Su padre era rey en Yolco, pero fue destronado por su hermanastro Pelias, hijo de Tiro y Posidón; sin embargo, algunas versiones dicen que fue el mismo Esón quien encargó el reino a Pelias, mientras Jasón tenía la edad suficiente para asumir el trono.

Como muchos otros héroes, Jasón fue educado por el centauro Quirón en el monte Pelión.  Cuando ya era un joven, regresó a Yolco, cubierto con una piel de pantera, con una lanza en la mano y llevando sólo una sandalia, pues perdió la otra al cruzar un río. Llegó a la plaza en el momento en que su tío celebraba un sacrificio, y  Pelias, al verlo, recordó que tiempo atrás un oráculo le advertió que desconfiara del hombre que sólo llevara  un pie calzado. Jasón estuvo en casa de su padre cinco días y cinco noches, después de los cuales fue con Pelias para reclamarle su lugar en el trono.

Pelias dijo a Jasón que le dejaría el reino, pero a cambio él debía traerle la piel del carnero que  había llevado a Frixo por los aires. Este vellocino era muy especial, pues era de oro y estaba custodiado por un dragón, pues Eetes, el rey de  la Cólquide, lo había consagrado al dios Ares. Pelias sabía de la importancia que tenía este vellocino para Eetes y que no estaría dispuesto a perderlo, así que envió a Jasón en esta misión con la esperanza de que no consiguiera su objetivo y muriera en el intento.

Otra versión cuenta que, sin querer, fue el mismo Jasón quien se impuso este trabajo, pues en el momento en que Pelias recordó aquel oráculo, lo llamó y le preguntó qué castigo merecería quien conspirara contra su rey y el joven, a sugerencia de Hera, respondió que lo enviaría a conseguir el vellocino de oro, por lo que Pelias le ordenó  ir por él.

Además de Hera, Jasón contó con la guía de Atenea, quien le aconsejó pedir la ayuda de Argo, hijo de Frixo, para construir un barco lo llevara a la Cólquide. El barco fue bautizado con el nombre de su constructor, que significa “rápido”, y en su construcción se utilizó madera proveniente del monte Pelión; pero, para la proa, Atenea les dio una imagen tallada en roble de Dodona, la cual tenía la capacidad de hablar y predecir el futuro. Una vez que la nave estuvo lista Jasón sólo tenía que conseguir la tripulación ideal.

LOS ARGONAUTAS

Jasón lanzó una convocatoria que fue atendida por una gran cantidad de héroes, entre cincuenta y cincuenta y cinco, todos ellos conformaron un grupo muy destacado al que se les conoció como los Argonautas (los marineros del Argo). Las listas de nombres varían de una fuente a otra, entre las que destacan Apolonio de Rodas y Apolodoro, pero entre los héroes, destacan Argo, Tifis, Orfeo, Idmón, Anfiarao, Mopso, Zetes y Calais, Cástor y Pólux, Idas y Linceo, Heracles, Atalanta, Etálides, Teseo y Asclepio.

Después de ofrecer un sacrificio a Apolo, el Argo zarpó de la playa de Págasas ante una gran  multitud. Antes de llegar a su destino, los héroes recorrieron varios lugares en los que vivieron un sinfín de aventuras. Estos son algunos de ellos:

Lemnos

Esta isla estaba habitada sólo por mujeres, debido a un castigo de Afrodita, a quien habían ofendido al descuidar su culto. La diosa hizo que las mujeres despidieran un olor fétido que provocó, primero, que sus maridos las rechazaran, y luego, que se unieran a extranjeras o cautivas. Las mujeres de Lemnos, furiosas, decidieron dar muerte a todos los hombres; la única que no estuvo de acuerdo fue Hipsípila y la noche en que se llevó a cabo la masacre, salvó a su padre ocultándolo en un cofre de madera que lanzó al mar. Sin saber esto, y como era la hija del rey, las mujeres nombraron a Hipsípila su sucesora.

Los Argonautas llegaron poco después y fueron bien recibidos por las mujeres de Lemnos porque se comprometieron a unirse con ellas y darles hijos; así, Hipsípila tuvo dos hijos con Jasón: Eumeo y Nebrófono o Nefronio. Sin embargo, después de haberse ido los Argonautas, las mujeres se enteraron de que su reina había salvado a su padre y la condenaron a muerte por su traición. Ella logró huir, pero fue apresada por unos piratas y terminó en Nemea, como esclava de Licurgo.

Samotracia

En Samotracia, por consejo de Orfeo, los Argonautas se iniciaron en los cultos mistéricos de esa región. Por su carácter secreto, es poco lo que se conoce acerca de esta religión, pero se sabe que se centraba en los dioses Cabiros o Cabirios, deidades ctónicas (relativas a la tierra) estrechamente vinculadas con el mito de Hefesto, que probablemente eran de origen frigio y se les relacionaba con la fertilidad y la protección de los marineros. La mayoría de las veces son representados como un hombre viejo, Axioreso, y su hijo Cadmilo, aunque también aparecen como una pareja femenina, Axíero y Axiocersa, o dos gemelos jóvenes que a veces eran confundidos con Cástor y Pólux.

Isla de Cícico

El rey Cícico acogió a los Argonautas y les preparó un banquete; ellos partieron al siguiente día, pero no lograron avanzar mucho, porque el viento los llevó de regreso y volvieron a llegar a la isla por la noche. La obscuridad impidió que los habitantes de la isla los reconocieran y, creyéndose atacados por piratas, iniciaron una batalla en la que el rey fue muerto a manos de Jasón. Hubo una gran matanza y, cuando amaneció, ambos bandos se dieron cuenta del error y se deshicieron en lamentos. Se organizaron magníficos funerales para el rey y sus hombres, pero su esposa Clite se ahorcó, incapaz de soportar el dolor; las ninfas lloraron desconsoladas y se dice que, fruto de su llanto, surgió una fuente en la tierra. Entonces, una tempestad impidió a los Argonautas zarpar de nuevo, hasta que erigieron una estatua para Rea, la madre de los dioses.

Costa de Misia

Ahí los Argonautas fueron bien recibidos, les dieron regalos y pudieron descansar. Heracles había roto su remo debido a su gran fuerza, así que aprovechó y fue al bosque a buscar madera para fabricarse otro remo; lo acompañaba Hilas, un hermoso joven a quien amaba. Mientras Heracles trabajaba en su remo, lo envió por agua a un manantial cercano y ahí encontró a unas ninfas que bailaban; éstas, maravilladas por la belleza de Hilas, lo atrajeron al agua y ahí murió ahogado. Polifemo, uno de los Argonautas, escuchó su grito de auxilio cuando las ninfas intentaban sumergirlo, corrió en su ayuda y encontró a Heracles en el camino, ambos fueron a buscarlo, pero llegaron demasiado tarde. No pudieron encontrarlo a pesar de que buscaron toda la noche. El barco entonces tuvo que zarpar sin ellos.

País de los Bébrices

Los habitantes de esta región tenían la costumbre de batirse en duelo a muerte con cualquiera que llegara a sus playas; sin embargo, los Argonautas lograron vencerlos. Los bébrices que sobrevivieron terminaron huyendo y se dispersaron.

País de Fineo

Fineo, hijo de Posidón, era un adivino ciego que había sido castigado por Helios porque no le importó perder la vista a cambio de vivir una vida larga. El dios envió a las Harpías a atormentarlo: a pesar de tener frente a él una mesa llena de alimentos exquisitos, estaba hambriento pues, cada vez que intentaba comer, aparecían las Harpías, monstruos mitad mujeres y mitad aves, para devorar todo lo que podían y el resto lo ensuciaban con su excremento.

Los Argonautas acudieron a Fineo para que les indicara el camino a la Cólquide y, a cambio, éste les pidió que lo ayudaran a liberarse de aquellas criaturas monstruosas, así que, cuando aparecieron, Calais y Zetes, que tenían la capacidad de volar, las persiguieron hasta que, agotadas, prometieron dejar en paz al adivino.

Simplégades

Las Rocas Simplégades, eran un par de peñascos flotantes, también conocidos como Rocas Azules, Cianeas o Vagabundas. Chocaban entre sí destrozando cualquier cosa que se encontrara entre ellas, Fineo había advertido a los Argonautas sobre ellas, pero también les dijo cómo podían pasar a través de ellas: les aconsejó enviar una paloma antes de intentar cruzar, si el ave lograba pasar, sería señal de que los dioses estaban de su lado, pero, si no, sería mejor que ni siquiera lo intentaran. Los Argonautas siguieron su recomendación y la paloma apenas logró salir, pues al cerrarse las rocas arrancaron las plumas de su cola; entonces, apenas se abrieron las rocas y se aseguraron de que el ave seguía con vida, la nave avanzó a gran velocidad y logró cruzar, aunque la popa sufrió algunos daños. A partir de entonces las rocas quedaron inmóviles, pues el destino había señalado que se detuvieran en cuanto un barco lograra cruzarlas.

País de los Mariandinos

Aquí, a pesar de que los Argonautas fueron bien recibidos por el rey Lico, perdieron a dos de sus hombres más destacados, Idmón y Tifis, su propio timonel; el primero murió durante una cacería, a causa de las heridas que le causó el ataque de un jabalí, y el segundo, a causa de una enfermedad.

Ponto Euxino

En este mar, Jasón y sus hombres se enfrentaron con las aves de Estínfalo que habían sobrevivido después de que Hércules, ya lejos de los Argonautas, las hubiera enfrentado y derrotado. Estos monstruosos pájaros se alimentaban de hombres, sus picos eran de bronce y lanzaban plumas afiladas a sus víctimas, además de que su excremento era venenoso y arruinaba los cultivos. Se dice que eran mascotas de la diosa Artemisa.

Después de lograr sortear tantos peligros, la nave Argo por fin cruzó la desembocadura del Termodonte y costeó el Cáucaso, llegando así a su destino: la Cólquide.

EL VELLOCINO DE ORO

Atamante, rey de Beocia, y su esposa Néfele tuvieron dos hijos: Frixo y Hele. Sin embargo, Atamante repudió a su esposa para unirse en segundas nupcias con Ino, con quien tuvo dos hijos más, Learco y Melicertes. Ino estaba celosa de los primeros hijos de Atamante, así que puso en marcha un plan para deshacerse de ellos: convenció a las mujeres beocias de tostar el grano de trigo destinado a la siembra para que no produjera cosecha alguna; Atamante, preocupado, envió unos emisarios a consultar el oráculo de Delfos, pero Ino los sobornó para que dijeran que los dioses exigían que Frixo fuera sacrificado. 

Cuando Frixo y su hermana Hele eran llevados al altar para ser inmolados, apareció un carnero alado cuyo toisón era de oro y había sido un regado de Hermes a Néfele, el carnero hizo que los niños se montaran a sus espaldas y huyó con ellos, salvándolos así de ser asesinados; sin embargo, durante el viaje Hele cayó al mar y murió ahogada en lo que ahora se conoce como Helesponto (mar de Hele). Frixo, en cambio, logró llegar a la Cólquide, donde fue acogido por el rey Eetes, quien le dio en matrimonio a su hija Calcíope, y, en agradecimiento, Frixo sacrificó al carnero a Zeus y le entregó el vellocino al rey, quien lo consagró a Ares y lo colocó en una encina de un bosque del dios.

Cuando los Argonautas llegaron a la Cólquide, Jasón habló con el rey Eetes y le confió el encargo de Pelias; el rey le dijo que sólo le daría el vellocino si pasaba dos pruebas sin la ayuda de ninguno de sus compañeros, lo que Jasón no sabía era que Eetes acostumbraba asesinar a todos los extranjeros que llegaban a sus tierras y cada una de las pruebas era una trampa mortal.

Eetes tenía una hija, Medea, cuya madre era Idia, según unas versiones y según otras, Hécate, diosa de las magas; además, era nieta de Helios y de la maga Circe, por lo que la joven dominaba la magia, por lo que era la guardiana del vellocino. Cuando Medea vio a Jasón, por obra de Afrodita, de inmediato quedó prendada de él y decidió ayudarlo a lograr su objetivo, pero a cambio le pidió que la llevara con él y la hiciera su esposa. Jasón aceptó.

La primera prueba consistía en poner el yugo a los toros de Hefesto, que eran enormes y tenían pezuñas de bronce. Para que pudiera superarla sin problemas, Medea le dio un bálsamo mágico con el que debía untarse todo el cuerpo y untar su escudo, con él se volvería invulnerable por todo un día.

Una vez que lograra hacer esto, debía cumplir con la segunda prueba: sembrar los dientes de un dragón; sin embargo, Medea reveló a Jasón que de inmediato cosecharía un ejército de hombres armados que tratarían de matarlo, para evitarlo, debía lanzar una piedra al centro del grupo para hacser que los hombres lucharan entre sí.

Boyvin, René. (1563). Jasón siembra los dientes del Dragón

Eetes enfureció al ver que Jasón triunfaba en los trabajos encomendados, pues no estaba dispuesto a cumplir su promesa, ya que su plan desde un principio había sido que Jasón muriera; pero Medea no sólo había ayudado a Jasón a salir indemne sino que lo ayudó a conseguir el vellocino: con sus hechizos, durmió al dragón que lo custodiaba y Jasón pudo bajarlo del árbol en el que Eetes lo había colocado años atrás. 

Furioso, el rey ordenó incendiar el Argo y asesinar a su tripulación, pero era demasiado tarde, pues los Argonautas ya habían escapado.

Medea sabía que su padre los perseguiría, pero tenía un plan: había llevado con ella a su hermano Apsirto, al cual mató y cortó en pedazos que arrojó al mar. Su padre, horrorizado, se detuvo para recoger los restos de su hijo menor y los Argonautas aprovecharon la oportunidad para escapar. Eetes regresó a la Cólquide una vez que recuperó todos los restos de su hijo, pero envió emisarios a perseguir a Medea, con la amenaza de que, si no la atrapaban, serían ellos quienes morirían. Los Argonautas, mientras tanto, prosiguieron su viaje, pero Zeus, enojado por el asesinato de Apsirto, envió una tempestad que alejó al barco de su ruta. Al consultar a los adivinos éstos dijeron que Zeus no calmaría su ira hasta que los Argonautas fueran purificados por Circe, así que se dirigieron al Mediterráneo y, rodeando por Cerdeña, llegaron a la isla de Eea, donde habitaba la hechicera; ésta los purificó y recibió a Medea, pero se negó a acoger a Jasón en su palacio, por lo que tuvieron que continuar con su viaje sin reponer fuerzas.

Para cruzar por el mar de las Sirenas, Hera encargó a Tetis que guiara a los Argonautas. Las Sirenas eran mujeres con cuerpo de ave conocidas por hechizar a los marinos con su canto, llevándolos a una muerte inevitable; sin embargo, la música dulce de Orfeo fue más poderosa que los cantos hipnóticos de estos monstruos y los Argonautas pudieron salir ilesos de este encuentro, sólo uno de ellos se lanzó al mar, incapaz de resistir, pero Afrodita lo salvó.

Allori, Alessandro. (ca. 1575). Charybde et Scylla

Después de esto, la nave tuvo que pasar por el estrecho de Caribdis y Escila. Caribdis era una hija de la Tierra y Posidón; durante su vida humana, se había distinguido por su voracidad, por eso había sido convertido en monstruo por Zeus y habitaba en el estrecho de Mesina. Tres veces al día absorbía una gran cantidad de agua de mar y se tragaba todo lo que flotara cerca de ella, incluyendo los barcos; luego devolvía el agua absorbida.

Escila estaba muy cerca, a distancia de un tiro de arco y era un monstruo cuya parte inferior estaba rodeada de perros feroces que devoraban todo lo que tenían a su alcance. Se dice que fue convertida en monstruo porque era una mujer muy bella y Glauco, que la amaba, rechazó a la maga Circe por ella, así que ésta mezcló unas hierbas en las aguas donde ella se bañaba y la transformó.

Pasaron también por las islas errantes (Lípari), las cubría una niebla obscura que lograron sortear hasta llegar a Corcira, el país de los feacios; ahí se encontraron con los emisarios de Eetes, que pidieron al rey, Alcínoo, que les entregara a Medea; sin embargo, por consejo de Arete, su esposa, Alcínoo puso como condición que se examinara a Medea y, si era aún virgen, la entregaría, pero si ya era la esposa de Jasón, permitiría que se quedara con él. La reina se apresuró a comunicarles esto a Jasón y a Medea y éstos celebraron sus bodas, por lo que el rey decidió no entregarla. Los colcos entonces decidieron quedarse en Corcira, para evitar la muerte.

De nuevo, al zarpar, se desató una tempestad que los arrastró a Sirtes, en la costa de Libia, ahí tuvieron que cargar el barco hasta el lago Tritonis, donde el dios Tritón les guió hacia una salida al mar.

Kaerius, Petrus. (1645). De Argonautica. Amsterdam, J. Janssonius.

De ahí se dirigieron a Creta, donde encontraron al gigante Talo, una especie de autómata construido por Hefesto, al que Minos le había confiado la defensa de la isla contra cualquier extraño, para lo cual Talo lanzaba enormes rocas contra los barcos que pasaban cerca de ahí y daba la vuelta a la isla tres veces al día para vigilarla. No obstante, a pesar de su tamaño y su fuerza, Talo tenía una debilidad: en su tobillo podía verse una vena que, si llegaba a abrirse causaría su muerte. Medea aprovechó esto y utilizó su magia para vencerlo: le provocó visiones que lo pusieron furioso e incontrolable y, al golpearse el pie con un tobillo, se desgarró la vena y murió. Los Argonautas descansaron ahí esa noche y erigieron un templo a Atenea. Al salir de Creta los envolvió una noche oscura, por lo que Jasón pidió ayuda a Apolo, éste los ayudó y les permitió ver con lo que pudieron llegar a una isla en las Espóradas, donde edificaron un santuario al dios. Por fin llegaron a Yolco con el vellocino y Jasón llevó la nave Argo a Corinto, donde la consagró al dios Posidón.

MEDEA Y JASÓN

Cuando por fin regresaron a Yolco, Medea decidió vengarse de Pelias, así que convenció a sus hijas de que era capaz de devolverle al anciano rey; hizo una prueba con un viejo carnero al que mató y descuartizó frente a ellas, para luego echar los trozos a un caldero del que salió un ternero lleno de energía. Las jóvenes, maravilladas, de inmediato quisieron probar esa magia con su padre y siguieron al pie de la letra las instrucciones de Medea, lo asesinaron y lo despedazaron para echarlo a un caldero que la maga les había proporcionado; sin embargo, Pelias no volvió a la vida y mucho menos rejuveneció. Después de esto, Acasto, el hijo de Pelias, desterró de Yolcos a Jasón y a Medea. Según otras versiones, Medea desembarcó sola y entró a la ciudad disfrazada de sacerdotisa de Ártemis para que Pelias no sospechara. No habría hecho la prueba con un carnero sino con Esón, el padre de Jasón y así convenció a las hijas de Pelias de hacer lo mismo con su padre. Jasón, al enterarse, entregó voluntariamente el reino a Acasto, quien lo había acompañado en la búsqueda del vellocino aún contra los deseos de su padre.

Medea y Jasón se establecieron en Corinto y tuvieron hijos, según Hesíodo uno, llamado Medeo, aunque otros mencionan a una hija, Eriopis; dos hijos: Feres y Mémero, o tres: Tésalo, Alcímenes y Tisandro. Vivieron tranquilos un tiempo, hasta que el rey Creonte vio en Jasón un esposo ideal para su hija Creusa, cosa que Jasón aceptó de buen grado, contento de que por fin se le volviera a presentar la oportunidad de ser rey.

Creonte sabía de las habilidades mágicas de Medea y de los crímenes que había cometido, por lo que decretó su destierro, para evitar que pudiera llevar a cabo algún plan de venganza, pero era tarde, porque Medea ya estaba enterada de todo y sabía muy bien qué tenía que hacer.

Medea logró conmover a Creonte, de manera que éste aceptó que sus hijos se quedaran con Jasón y le dió de plazo para marcharse. Medea tuvo un último encuentro con Jasón, pero éste sólo reafirmó su rechazo, aunque le reiteró su amor por los niños y juró no desampararlos. Cuando Jasón se fue, Medea le pidió a sus hijos que le llevaran un regalo a Creusa como muestra de su buena voluntad: un vestido suyo y una diadema de oro, ambos exquisitos, pues Medea había sido ella misma una princesa en la Cólquide. Creusa, maravillada al ver los regalos, se los quiso probar de inmediato y, después de despedir a los niños, corrió a su habitación, pero, en cuanto se puso el vestido y la diadema, se prendió en llamas. Creonte corrió hacia su hija intentando quitarle las prendas y salvarla, pero él mismo comenzó a arder en cuanto la tocó. Al escuchar los gritos Jasón llegó corriendo, pero ya era demasiado tarde. Los niños regresaron con su madre sin haberse enterado de lo ocurrido, ella los recibió amorosa y se despidió de ellos, eran lo único que le quedaba a Jasón y Medea había decidirlo dejarlo sin nada, así que, después de darles un último beso, los mató con una daga. Jasón pagó caro su traición.

Helios envió a Medea un carro tirado por dragones para que huyera Atenas, donde se unió en segundas nupcias con Egeo. Jasón por su parte, envejeció viejo y solo, viviendo en la nave Argos de sus recuerdos , pero igual que él, la nave, abandonada, comenzó a convertirse en un montón de ruinas, así que un día uno de los mástiles se partió en dos y cayó sobre el viejo Jasón, aunque hay quienes afirman que fue Heracles el que lo trozó, enojado aún porque Jasón lo abandonó a mitad del viaje mientras él buscaba a su hermoso Hilas.

JASÓN EN LA LITERATURA

JASÓN EN ESCENA

JASÓN EN EL CINE

JASÓN EN LA PINTURA

1. EL JOVEN JASÓN 

  1. Flint, William Rusell. (1855). “Jason and Chiron” en The Heroes: Or Greek Fairy Tales for My Children  [Ilustración].
  2. Friedrich Overbeck, Johann. (ca. 1807). Jason in front of his uncle Pelias  [Pintura]. Lübeck, Museo de Lübeck.
  3. Mercator, Gerard. (1551). Argo Navis [Grabado]. Cambridge, The Mercator Globes at Harvard Map Collection. 
  4. Hevelius, Johannes. (1690). “Argo Navis” en Firmamentum Sobiescianum, sive Uranographia [Grabado]. Danzica. en línea http://www.atlascoelestis.com/hev%2056.htm
  5. Bayer, Johannes. (1723). “Argo Navis” en Uranometria: omnium asterismorum continens schemata, nova methodo delineata, aereis laminis expressa [Grabado]. Ausburgo, Christophorus Magnus.
  6. Dulac, Edmund. (1910). “Tiphys el timonel de los Argonautas” en Cuentos de Tanglewood [Ilustración]. Pennsylvania, Alba
  7. Bry, Johann Theodor de. (1615). “Idmon” en Tractatus posthumus de divinatione & magicis præstigiis [Grabado]. Madrid, Biblioteca Nacional de España
  8. Barbiere, Domenico. (ca. 1545). Amphiaraus [Grabado]. The Elisha Whittelsey Collection.
  9. Mussard, Pierre. (ca. 1670). Mopsus, Son of Manto [Grabado]. s. l.
  10. Quellinus, Erasmus. (ca. 1637). The Persecution of the Harpies [Pintura]. Madrid, Museo del Prado.
  11. Coysevox, Antoineca. (1686). Castor et Pollux [Escultura]. Versalles, Parterre de Latona.
  12. Rubens, Peter Paul. (ca. 1617). El rapto de las hijas de Leucipo [Pintura]. Munich, Pinacoteca Antigua de Munich.
  13. Pollaiolo, Antonio del. (ca.1475). Ercole e l’Idra [Pintura]. Florencia, Galería Uffizi.
  14. Godward, John William. (1908). Atalanta [Pintura]. Colección privada.
  15. Hyre, Laurente de la. (ca. 1637). Theseus and Aethra [Pintura]. Budapest, Szépmûvészeti Museum.
  16. Zuccari, Federico. (s. XVI). Asclepio [Pintura]. Roma, Palacio Zuccari.
  17. Costa, Lorenzo. (1500). El Argo [Pintura]. Padua, Civic Museums of Padua.
  18. Marolles, Diepenbeeck, Bloemaert y Brebiette. (1655). Escena mitológica de Jasón y los argonautas [Grabado]. Colección privada.
  19. Flint, William Russell. (1855). “Argo” en The Heroes: Or Greek Fairy Tales for My Children  [Ilustración].
  20.  Flaxman, John. (ca. 1792). The Fury Of Athamas [Escultura]. Reino Unido, Ickworth House.
  21. Moncornet, Balthasar (Remigio Cantagallina). (1608). “Idmone ea Mopso Argonoti guidati da Apollo” en Le Magnifique carousel fait sur le fleuve de l’Arne a Florence pour le mariage du Grand Duc [Grabado]. Florencia, Jean Sauvé.

2. JASÓN Y MEDEA

  1. Waterhouse, John William. (c.1905). Estudio para Jasón y Medea (El filtro del amor)  [Pintura]. México, Colección Pérez Simón.
  2. De Troy, Jean François. (ca. 1743). Jason Swearing Eternal Affect to Medea [Pintura]. Londres, National Gallery.
  3. Troy, Jean François de. (ca. 1743). Jason taming the bulls of Aeëtes [Pintura]. Birmingham, The Barber Institute of Fine Arts.
  4. Boyvin, René. (1563). Jason siembra los dientes del Dragón (Jason les dompte et sous le joug enserre et laborer leur fait de Mars la terre…)  [Grabado]. Nueva York, MET.
  5. Russell Flint, William. (1910). Medea, Jason, Orpheus and the Dragon  [Ilustración]. s.l.
  6. Coroleu, Jose. (1881). “Medea pone a dormir al dragón, guardián del vellocino de oro” en Las Supersticiones de la Humanidad [Ilustración]. Barcelona, F Seix.
  7. Natoire, Charles Joseph. (s. XVIII). Jason Taking the Golden Fleece  [Pintura]. s. l.
  8. Troy, Jean François de. (1742). The Capture of the Golden Fleece [Pintura]. Londres, National Gallery.
  9. Thorvaldsen, Bertel. (1803). Jasão e o Velo de ouro [Escultura]. Copenhage, Thorvaldsen Museum.
  10. Quellinus, Erasmus. (ca. 1637). Jasón con el vellocino de oro [Pintura]. Madrid, Museo del Prado.
  11. Draper, Herbert James. (1904). The Golden Fleece [Pintura]. Bradford, Bradford Museums, Galleries & Heritage.
  12. Romney, George. (1782). Lady Hamilton as Circe [Pintura]. Colección privada
  13. Natoire, Charles Joseph. (1757). Orfeo encantando ninfas, dríades y animales [Pintura]. Colección privada
  14. Allori, Alessandro. (ca. 1575). Charybde et Scylla [Pintura]. Florencia, Banca toscana.
  15. Tawse, Sibil. (ca. 1915). Medea y Talo [Ilustración]. s. l.
  16. Prinsep, Valentine Cameron. (1880). Medea The Sorceress [Pintura]. Londres, Southwark Art Collection.
  17. Waterhouse, John William. (1907). Jason and Medea [Pintura]. Colección privada.
  18. De Troy, Jean François. (1745). Jason y Medea en el templo de Júpiter [Pintura]. Clermont-Ferrand, Musée des Beaux-Art.
  19. Moreau, Gustave. (1865). Jason et Médée [Pintura]. París, Museo de Orsay.
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  23. Moreau de Tours, Georges. (1878). The Murder of Pelias by His Daugthers [Pintura]. s. l.
  24. Morgan, Evelyn de . (1889). Medea [Pintura]. Merseyside, Williamson Art Gallery and Museum.
  25. Sandys, Frederick. (1868). Medea [Pintura]. Alabama, Birmingham Museum of Art
  26. Ferguson, Henry. (1673). Medea Casting Spells among Ruined Sculpture [Pintura]. Iowa, Ham House.
  27.  Pellegrini, Giovanni Antonio. (ca.1711). Jason rejecting Medea [Pintura]. Northampton, Northampton Museum and Art Gallery 
  28. Klagmann, Henri. (1868). Medea [Pintura]. Nancy, Francia, Museo de Bellas Artes de Nancy.
  29. Feuerbach, Anselm. (1870). Medea [Pintura]. Munich, Wittelsbach Compensation Fund.
  30. Boyvin, René. (1563). The Children of Medea and Jason presenting a Box to Creusa [Pintura]. Nueva York, The MET.
  31. Downman, John. (s. XVIII). An Episode from the Story of Jason and Medea. [Pintura]. Wolverhampton, Wolverhampton Art Gallery.
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  39. Rubens, Peter Paul. (ca.1633). Briseida devuelta a Aquiles. [Pintura]. Madrid, Museo del Prado

Fuentes

Grimal, Pierre. (2016). Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona, Paidós.